25 Feb 2019

BY: Lucia.Moreno

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¿Mentiras piadosas o patológicas?

María estaba harta de que su marido no dijese la verdad. Le engañaba sobre cualquier cosa: lo que le apetecía comer, sus series favoritas, la hora a la que se levantaba, sobre qué había cenado…Lo hacía con gran naturalidad, parecía un profesional de la mentira, pero la realidad es que era un mitómano. Muchos os preguntaréis qué es eso, pues bien, seguid leyendo este post e iréis encontrando las respuestas.

¿Creéis que somos mentirosos por naturaleza? El 70% de la población sí, pero hay un 30% que es honesta hasta puntos insospechados. El reto es detectar a estas personas, pero también a ese 10% que siempre es mentiroso.

Desde pequeños nos enseñan que no hay que mentir, tenemos el ejemplo de que cada vez que mentía, a Pinocho le crecía la nariz; al pastorcillo nadie le hizo caso cuando realmente vino el lobo; así como, un pueblo entero alabó el traje inexistente del emperador hasta que un niño rompió el engaño. La moraleja de no decir mentiras y optar siempre por la verdad es un tema recurrente en la literatura desde muy temprana edad, y entonces ¿por qué mentimos?

“La mentira es la forma más simple de autodefensa”, decía la escritora y filósofa del siglo XX Susan Sontag. Se pueden mentir por muchos motivos, puede ser por el temor a las consecuencias de nuestros actos, para culpar a otra persona, por no querer asumir responsabilidades, por no enfrentarnos a problemas propios, para ocultar algo, así como, para conseguir una ventaja sobre otra persona o para obtener un beneficio que, diciendo la verdad, se duda de poder alcanzar. La mentira y el engaño son instrumentos para conseguir objetivos.

Sin embargo, mentir no es extraño. Muchas personas mienten, en mayor o menor medida. ¿Cuál es la diferencia entre la mentira considerada normal y la mentira patológica?

Cuando mentir se convierte en un hábito y es la única forma de relacionarnos con los demás, hablamos de MITOMANÍA.

La mitomanía, también denominada pseudología fantástica es un trastorno del comportamiento por el cual la persona afectada, tiene una conducta repetitiva del acto de mentir con la más absoluta naturalidad, lo que le proporciona una serie de beneficios inmediatos, como admiración o atención inmediata. Se trata de la invención consciente y demostrable de acontecimientos difícilmente comprobables y de falsedades desproporcionadas por cuya fabulación el protagonista no obtiene una ganancia aparente más que la aceptación de los demás y compensar sus bajos niveles de autoestima. Es un trastorno infrecuente que puede asociarse a otras patologías, particularmente a trastornos de personalidad.

El verdadero fin es deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa. Al principio esas narraciones logran su efecto, cautivando a quien le escucha, que es lo que en definitiva mantiene esta conducta, además del miedo a ser descubierto.

Existen mitómanos muy conocidos como Enric Marco, que afirmó ser víctima del nazismo y haber estado en un campo de concentración, o el caso de Alicia Esteve que dijo estar en las torres gemelas en 2001 y llegó a representar a una asociación de víctimas de los atentados del 11 de septiembre. También es famoso el caso de Jean-Claude Romand quien se hizo pasar por médico e investigador de la Organización Mundial de la salud, y que con el fin de evitar el sufrimiento de saber que había mentido a su familia, acabó matándoles a todos.

No se debe confundir la mitomanía con la simulación, en la que el sujeto es plenamente consciente de los relatos que cuenta y de sus acciones. En la mitomanía se llega a un punto en que aunque se quiera, no se puede dejar de mentir pues ni siquiera es plenamente consciente de estar haciéndolo.

En definitiva, los mitómanos adoptan una posición que les hace parecer más importantes, afortunados, ricos o inteligentes. En una mitomanía el contenido y extensión de las mentiras son desproporcionadas, intentan crear una nueva y falsa identidad que llega incluso a creérsela. Inventa un mundo alternativo donde es el héroe, todos le quieren, y aborrece el mundo real, del que se aleja más y más cada día, sin embargo, como decía Alexander Pope, “el que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera”.

19 Feb 2019

BY: Lucia.Moreno

Peritaje Laboral

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Síndrome del trabajador quemado ¿tu trabajo supera tus recursos?

Gran parte de la labor de los psicólogos forenses está relacionada con los riesgos psicosociales, los cuales, pueden ocasionar importantes consecuencias en la salud de los trabajadores. Además, uno de problemas por los que más a menudo se busca ayuda psicológica hoy en día son los procesos de ansiedad y estrés, y en concreto los producidos por la situación laboral o un ambiente de trabajo excesivamente exigente.

En este caso, se encuentra el llamado “Síndrome de Burnout” o síndrome del trabajador quemado, el cual, se trata de una forma específica de estrés laboral crónico. Sus principales características son el agotamiento emocional (reducción de los recursos emocionales, irritabilidad, ansiedad, abatimiento), la despersonalización, donde la persona comienza a desarrollar actitudes negativas hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio trabajo, y por último, una vivencia de fuertes sentimientos de fracaso y baja autoestima. El fenómeno del burnout constituye uno de los daños laborales de carácter psicosocial más importantes en la sociedad actual.

Las diversas organizaciones y empresas tienen cada vez más en cuenta este síndrome, pues afectará tanto al trabajador que lo sufre, y a su vez al funcionamiento de la empresa, por lo que conviene prevenirlo.

Según indica Rosa Sender, el sujeto que se siente desgastado profesionalmente «tiende a neurotizarse, a rumiar constantemente su problema y se lo lleva a todas partes, por lo que nunca desconecta». Así, su vida gira alrededor del trabajo y de la profunda insatisfacción que le produce.

De este modo, es posible que alguno de los lectores que haya llegado hasta aquí, pueda sospechar que él o ella mismo/a esté padeciendo este síndrome. Si tiene dicha sospecha, debería plantearse una serie de cuestiones:

En primer lugar, reflexione sobre si cada vez le cuesta más trabajar, o si ha llegado a un punto en que le resulta casi imposible desarrollar sus tareas. Si tiene que realizar un gran esfuerzo para ir al lugar de trabajo y/o si una vez allí tiene series dificultades para empezar, teniendo estas sensaciones cada día.

También, puede ser que cuando se encuentra en el entorno laboral, se vuelve irritable, irascible o impaciente, tanto con compañeros como con los usuarios de la empresa. Incluso, es posible que este estado de ánimo se extienda al resto de aspectos de su vida, como al entorno familiar, porque como ya hemos comentado la persona no puede desconectar.

Esto se relaciona normalmente con una sensación de insatisfacción respecto a los logros laborales, siendo posible que esa insatisfacción se acabe extendiendo, pudiendo llegar a convertirse en un proceso depresivo. Otros síntomas derivados relacionados son los cambios de apetito, la alteración de los hábitos de sueño, migrañas y otros dolores, así como el consumo de alcohol o drogas a modo de vía de escape.

Pero… ¿qué es lo que lo puede causar? Existen diferentes factores laborales como son una estructura de la organización muy jerarquizada y rígida, exceso de burocracia, falta de participación de los trabajadores, relaciones conflictivas en la organización, estilo de dirección inadecuado, etc. Sin embargo, otras causas pueden estar relacionadas con el trabajo desempeñado, como puede ser una sobrecarga de trabajo, exigencias emocionales en la interacción con el cliente, descompensación entre responsabilidad y autonomía, falta de tiempo para la atención del usuario (paciente, cliente, subordinado, etc.), carga emocional excesiva, falta de apoyo social, poca autonomía, etc

¿Sigues pensando que pueden tener dicho síndrome o que en tu empresa según las condiciones laborales podría darse?

Resulta fundamental prestar atención a nuestras emociones y a nuestro cuerpo; y si no nos sentimos bien, pararnos a ver que está sucediendo y buscar ayuda de un psicólogo, si nos sentimos desbordados/as por estas situaciones profesionales. En estos casos el psicólogo forense debe evaluar y tener en cuenta para el informe tanto variables de la persona, como de la organización en la que trabaja, con el fin de determinar la presencia de dicho síndrome y las limitaciones y consecuencias que ocasiona para el trabajador y su puesto en la organización.

¡Si necesitas más información, no dudes en contactar con el equipo!

04 Feb 2019

BY: Lucia.Moreno

Peritaje de Menores / Peritaje Penal

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La violencia de género en la adolescencia

A pesar de que se ha conseguido una mayor igualdad entre mujeres y varones, y se ha avanzado en la puesta en marcha de estrategias y programas para frenar la violencia de género (a partir de ahora VG), lo realizado hasta la fecha no parece suficiente para que ésta desaparezca.

Ya en otros posts (https://aigolocis.com/la-violencia-de-genero-no-es-solo-fisica/) se ha hablado sobre la VG, pero hoy nos queremos centrar en las relaciones afectivas adolescentes. Pensáis que ¿son violentas las relaciones de pareja que establecen las chicas y los chicos jóvenes, preadolescentes y adolescentes? ¿Existe violencia por razón de género en ellas?

Primero de todo, vamos a situarnos. La adolescencia, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es una etapa de la vida de las personas que va de los 10 y los 24 años; abarca la adolescencia inicial —de los 10 a los 14 años—, la adolescencia media y tardía —de los 15 a los 19 años— y la juventud plena —de los 20 a los 24 años. A través de estas etapas se suele alcanzar la maduración física, afectiva y cognitiva. Durante este periodo vital los individuos desean conseguir la independencia de los padres, están muy interesados en adaptarse a su grupo de referencia y quieren desarrollar su propia identidad sexual, moral y vocacional. La pareja es algo importante para los jóvenes actuales. La mayoría de los adolescentes españoles de más de 14 años tiene o ha tenido una relación afectiva a esa edad.

Aunque se puede pensar que la VG es solo cosa de los adultos, la realidad es muy distinta, pues ninguna mujer está exenta de sufrir violencia machista. Dramáticamente, la realidad nos desmonta la construcción de que ha habido una evolución positiva en el funcionamiento de las relaciones sexoafectivas adolescentes y en los estereotipos sobre las mujeres y el género femenino con respecto a las generaciones anteriores. No es cierto; o al menos, no es cierto mayoritariamente. En los últimos dos años la violencia machista entre adolescentes ha aumentado el 45%. ¿Cómo puede ser que el país con mayor compromiso por erradicar la violencia contra las mujeres esté viendo repetirse, y quizás incluso aumentarse, el grado y la intensidad de la que sufren las jóvenes por parte de sus parejas? Resulta incomprensible, pero es real.

La violencia en las primeras relaciones afectivas suele aparecer en una sola dirección, es decir, suele ejercerse por un miembro de la pareja hacia el otro, pero en ocasiones es bidireccional; ambos jóvenes se maltratan, se gritan o abusan el uno del otro. Esta conceptualización de violencia de pareja, creemos que se ajusta mucho mejor a la realidad adolescente y juvenil que los que se aplican a las parejas adultas.

Los estudios realizados sobre el tema muestran que la población joven y adolescente repite roles sexistas, con frases como “los celos son muestra de amor» o en que «los chicos pueden salir con muchas chicas, pero las chicas no pueden salir con muchos chicos». Asimismo, uno de cada tres jóvenes considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias «controlar los horarios de la pareja», «impedir a la pareja que vea a su familia», o «decirle cosas que puede o no puede hacer».

Cuando las agresiones en la pareja aparecen a edades tempranas, las víctimas carecen de experiencia para realizar una valoración adecuada de lo que les está ocurriendo. Es más, el deseo de control o incluso la violencia verbal pueden iniciarse de forma sutil o ser justificados como una manifestación de amor, de forma que las víctimas se sienten desorientadas y confundidas. Además, el falso arrepentimiento mostrado por el agresor contribuye a reforzar la permanencia de la víctima en la relación violenta, haciéndole creer que la situación puede mejorar pero, en realidad, lo que produce es un aumento de la probabilidad de aparición de nuevas agresiones.

A pesar de la “menor” gravedad de la VG en adolescentes, hay que hacer hincapié en que en esta etapa de la vida comienzan las primeras relaciones de pareja, y que con frecuencia, estas experiencias afectivas se viven de manera intensa y pueden marcar, para bien o para mal, posteriores relaciones. Igualmente, es posible que esta violencia se extienda y perpetúe en sus relaciones afectivas adultas. Por ello, parece fundamental detectar los primeros indicios de comportamientos abusivos en las relaciones de pareja, para evitar que puedan derivar en malos tratos y otras conductas violentas de mayor gravedad y se trasformen en auténticas relaciones violentas.

Por todo lo expuesto, uno de los colectivos en los que más debemos incidir es el de la adolescencia. Las investigaciones señalan como vía de prevención para la violencia de género el saber de qué hablamos, conocer cómo empieza y evoluciona para alertar sobre el riesgo que pueden implicar las primeras fases y normalizar y aceptar el rechazo de la violencia en la propia identidad.

Por ello, os traemos un cómic “PILLADA POR TI” del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, que ilustra adecuadamente todo lo tratado en este post y que puede ser una herramienta muy útil para poner a disposición de los menores en edad escolar. A continuación, os dejamos algunas ilustraciones del cómic ¿queréis saber cómo termina la relación entre Olivia y Martín? ¡Pincha para descargar el cómic!

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